1.- No es pot baixar la guàrdia en cap moment, ni treure importància a signes
que d'entrada puguin semblar inespecífics i que altres
pacients els hagin presentat amb anterioritat,
2.- També cal prestar
major atenció a la simptomatologia que el pacient descriu i intentar
esbrinar més enllà per poder realitzar un diagnòstic de sospita més
exacte.
3.- No cal oblidar que un pacient jove també pot
presentar malalties importants i que encara que no aparentin ser
d'urgència vital, un signe o un símptoma pot emmascarar una malaltia
greu.
Les alteracions del parlar que causen certes malalties podrien utilitzar-se com a indicadors.
Font original en Castellà: En el futuro, el médico tal vez nos
pedirá que digamos algo más que «treinta y tres». Varios equipos de
neurocientíficos, psiquiatras e informáticos están investigando hasta
qué punto el uso del lenguaje por parte del paciente puede aportar
pistas para el diagnóstico, antes de efectuar una sola prueba de
laboratorio. La creciente potencia de cómputo y los nuevos métodos para
medir la relación entre el comportamiento y la actividad del cerebro han
dado pie a tales iniciativas. A pesar de que las pruebas basadas en la
palabra hablada podrían no ser tan precisas como la secuenciación
genética o las imágenes de resonancia magnética (RM), el análisis de un
enorme volumen de datos lingüísticos podría resultar de utilidad en las
enfermedades que carecen de claros indicadores biológicos. PSICOSIS Psiquiatras de la Universidad de
Columbia entrevistaron a 34 adultos jóvenes con riesgo de psicosis, un
signo frecuente de la esquizofrenia que incluye delirios y
alucinaciones. Dos años y medio después, cinco terminaron padeciendo
psicosis y los demás no. Un algoritmo especialmente diseñado escrutó
colectivamente las entrevistas iniciales con el propósito de descubrir
rasgos lingüísticos que distinguieran un grupo de otro y halló que la
psicosis aparecía relacionada con frases más breves, pérdida de
congruencia entre el significado de una frase con la siguiente y menor
utilización de las palabras «ese/esa», «qué» y «cuál». Cuando se ensayó
más tarde en una entrevista con cada participante, el programa predijo
con pleno acierto quién acabaría sufriendo psicosis. Los resultados
acaban de ser publicados en Schizophrenia y en estos momentos se lleva a
cabo una segunda tanda de pruebas con otro grupo de individuos en
riesgo. ENFERMEDAD DE PARKINSON Veintisiete participantes
en un estudio de la argentina Universidad Favaloro escucharon frases
con verbos relacionados con posturas concretas de la mano (como aplaudir
o propinar puñetazos). Tan pronto como entendían la frase, pulsaban un
botón al tiempo que mantenían las manos abiertas o cerradas en puño. Las
personas sanas respondieron más rápidamente cuando el verbo y la
postura de la mano eran concordantes (plana en el caso de aplaudir o con
los dedos cerrados si se hablaba de golpear) con respecto a cuando no
lo eran. En cambio, los afectados por los primeros estadios del
párkinson no mostraron diferencias en el tiempo de reacción. Esas
desconexiones podrían servir como indicadores precoces de la enfermedad
que precederían a los problemas graves. En estos momentos se está
efectuando un estudio similar con personas sanas pero portadoras de una
mutación vinculada con el párkinson. ESCLEROSIS LATERAL AMIOTRÓFICA (ELA)
La ELA es un
trastorno neuromuscular que puede acabar deteriorando la facultad del
habla a causa de la debilidad muscular. Un nuevo estudio dirigido por
Sharon Ash, de la Universidad de Pensilvania, demuestra que la
enfermedad también podría alterar el correcto uso de la gramática. Se
pidió a 45 personas que narraran de viva voz los acontecimientos
plasmados en una secuencia de 24 fotografías. Los pacientes con ELA
dejaron más frases incompletas («Y está enojado porque...»), omitieron
más determinantes («Búho voló alrededor») y cometieron más errores en el
tiempo verbal («Y el ciervo lo empujará al precipicio»), con respecto a
los controles sanos. Las imágenes de RM mostraron que las personas que
incurrían en más errores gramaticales presentaban un deterioro más
acusado de las regiones del cerebro donde reside el lenguaje. Todo
apunta a que el análisis gramatical podría ser un modo relativamente
simple de valorar la aparición y la gravedad de la enfermedad. En un
estudio de seguimiento en curso, Ash y sus colaboradores están
analizando narraciones más breves de los pacientes a los que se muestra
una fotografía.